Marx (sin ismos) de Francisco Fdez. Buey

Francisco Fernández Buey fa una molt bona introducció a la vida i obra de Marx en el seu llibre Marx (sin ismos). Com el propi autor explica, pretén desmitificar moltes de les falses idees que s’han instal·lat en l’imaginari popular i en l’àmbit polític i acadèmic, tant per part dels antimarxistes com per part dels marxistes que han cregut que l’obra de Marx era un dogma suprem. La introducció a l’obra de Marx a través de la cronologia de la seva vida permet fer una lectura contextualitzada de tota la teoria que va desenvolupar el revolucionari filòsof i economista alemany. Alhora, coneixent les dates de l’edició de la seva obra, gran part de la qual es va publicar després de la seva mort, en obres importants ben entrat el segle XX, com és el cas dels Manuscrits de Paris de 1844, li resta la responsabilitat de les tradicionals acusacions que se li han fet respecte les mal relacionades conseqüències que ha portat l’aplicació de la seva visió del món. Només a través de la contextualització històrica es pot fer una lectura distanciada que permet entendre els debats de l’època i aprendre aquells elements que avui tenen encara una vigència absoluta i desenvolupar aquells conceptes que, pel pas inevitable del temps, l’avenç de la història i les transformacions del món, cal actualitzar. El desprestigi actual en el que ha caigut el marxisme, ja abans de la caiguda del mur de Berlín però especialment després de la desaparició del bloc soviètic, és del tot injust. Només una lectura partidista pot negar la importància de l’obra de Marx i del marxisme en general. La combinació entre política, economia i història amb la que opera aquesta escola filosòfico-econòmica és d’una riquesa innegable, juntament amb la visió antropològica que s’ha destacat més actualment. En mig de l’actual situació de crisi sistèmica es pot fer una lectura renovada tot observant aquells punts en els que la seva descripció del capitalisme segueix en peu, i a tenor dels esdeveniments seguirà tenint vigència.

Al cap i a la fi, l’obra més important de Marx no es titula El Comunisme ni El Socialisme. La seva obra més destacada és El Capital. I en aquest llibre s’hi troba una descripció, una explicació i teorització de com funciona el sistema socioeconòmic en el que va viure ell i en el que vivim avui en dia, el capitalisme. Fernández Buey ho resumeix en el següent fragment directament copiat del seu llibre, nosaltres no ho sabríem explicar millor:

“En su obra principal Marx pretendía hacer demasiadas cosas como para que éstas cupieran en un solo libro. Quería, desde luego, desvelar el misterio del capital. Quería establecer las leyes por las que se ha regido y se rige la evolución del modo capitalista de producción. Y, concretando más, quería analizar la conversión del dinero en capital. Quería mostrar el proceso por el cual los valores se transforman en precios. Quería dilucidar qué es realmente la plusvalía y poner de manifiesto las diferentes formas de la misma. Quería analizar el proceso de circulación del capital.

Pero no quería quedarse en la exposición del análisis teórico de estos conceptos. Quería también hacer historia: historia del capitalismo en acto e historia de las doctrinas económicas. Quería mostrar cómo se ha producido la acumulación originaria de capital y cómo se ha pasado de la época de las manufacturas a la época de la gran industria. Quería hacer historia del colonialismo. Quería hacer historia de la división del trabajo. Quería hacer historia del conflicto entre capital y trabajo: historia de la legislación e historia de las luchas en torno a la reducción de la jornada de trabajo. Quería hacer historia de las formas de Estado en relación con los conflictos sociales.

Pero tampoco quería quedarse en la historia meramente descriptiva de lo acontecido, ni en el plano práctico ni en el plano teórico. Quería demostrar por qué estos conflictos han de conducir a un nuevo modo de producir y de vivir. Quería demostrar por qué esta nueva forma de producir y de vivir no necesitaría ya un Estado represivo sino sólo la administración regulada de los bienes en función de las necesidades sociales. Quería criticar con detalle y documentalmente el método y las categorías de los economistas que le precedieron, sobre todo en lo que hace a la formulación del concepto de plusvalía. Y, además, quería enlazar, en su exposición, todo eso con su anterior crítica de la alienación del trabajo, una forma arquitectónica. Quería coronar la cosa con una teoría de la historia y una filosofía política alternativas. Y como quería tanto, sólo pudo dejar un libro hecho (el libro primero de El Capital), un programa de investigación monumental para los por nacer y un montón de “materiales” (más o menos en bruto) para tanta querencia.

[…]

La obra principal de Marx analiza el capitalismo como un sistema basado en la separación entre trabajo y medios de producción, separación que funda otra división: la que existe entre una clase de capitalistas propietarios y una clase de trabajadores que no tienen nada. El capitalismo es, pues, un sistema constituido por clases en conflicto y no (o no sólo) por un mercado entendido como palestra libre para la contratación en la que los individuos afirman las propias preferencias y defienden los propios intereses. Pero, puesto que este sistema social basado en la separación de capital y trabajo perdura históricamente, hay que descubrir las reglas de su supervivencia, las verdaderas condiciones del equilibrio del sistema económico. Esta es la razón por la que no es suficiente ni conveniente quedarse en la denuncia del sistema en términos morales (“la propiedad es un robo”, “la mercantilización es un escándalo”, “la expansión del dinero es la liquidación de los sentimientos y de la sensibilidad”). De lo que se trata, para Marx, es de explicar racionalmente las condiciones de reproducción del sistema.

El concepto clave para explicar el tipo de intercambio entre capital y trabajo que sirve de base a la producción capitalista es el de plusvalía. Marx ha descrito plásticamente la obtención de plusvalía así: “Al adelantar un valor en el que hay cristalizadas seis horas de trabajo del obrero el capitalista recibirá a cambio un valor en el que hay cristalizadas doce horas de trabajo del mismo obrero. Y, al repetir día tras día esta operación, el capitalista adelantará diariamente tres chelines y se embolsará cada día seis, la mitad de los cuales volverá a invertir en pagar nuevos salarios, mientras que la otra mitad forma la plusvalía, por la que el capitalista no abona ningún equivalente”.

Plusvalía es, por tanto, la diferencia entre el dinero desembolsado por el capitalista para adquirir medios de producción y el dinero obtenido al final de este proceso. Es el tiempo de trabajo suplementario del obrero, que vende su fuerza de trabajo, lo que, en última instancia, crea ese valor excedente. Dado que el obrero pertenece a una clase de hombres que no dispone de otra mercancía que vender su fuerza de trabajo, el capitalista puede apropiarse de este excedente en condiciones de igualdad jurídica. Formalmente, no se trata de un “robo” sino de una relación entre iguales. Pero la cuota de plusvalía es variable. Dependerá de la proporción en que la jornada de trabajo se prolongue más allá del tiempo durante el cual el obrero, con su trabajo, se limita a reproducir el valor de su fuerza de trabajo o a reponer su salario [OME 40, 235-236].

Marx distingue, de todas formas, entre plusvalía absoluta y plusvalía relativa. Llama plusvalía absoluta a la producción mediante la prolongación de la jornada de trabajo. Pero esto, dado el conflicto entre capital y trabajo, no siempre es posible. Plusvalía relativa es, en cambio, el excedente obtenido mediante la abreviación del tiempo de trabajo necesario y la alteración correspondiente de la razón cuantitativa entre los elementos de la jornada de trabajo. En este caso el capital tiene que subvertir las condiciones técnicas y sociales del proceso de producción, o sea, el modo de producción mismo, para aumentar la fuerza productiva del trabajo, rebajar el valor de la fuerza de trabajo y abreviar así la parte de la jornada de trabajo necesaria para la reproducción de ese valor [OME 40, 340-346].

El proceso económico capitalista en su conjunto aparece como un circuito monetario comprensible en los términos siguientes, que tomo del economista italiano Augusto Graziani: 1º) Sin medios de producción los trabajadores no pueden poner en marcha actividad productiva alguna; 2º) Por su parte, las empresas, sólo pueden hacerlo después de haber adquirido fuerza de trabajo, para lo cual necesitan una financiación monetaria precedente del sector bancario que reintegrarán cuando, habiendo vendido las mercancías producidas, entran en posesión del equivalente en moneda; pero 3º) La moneda no es un simple intermediario del intercambio introducida como perfeccionamiento técnico del mismo; la moneda es, en el capitalismo, el capital inicial de que se vale el empresario para adquirir fuerza de trabajo; por consiguiente, la moneda –en tanto que capital–, o la circulación monetaria, no sólo agiliza el intercambio y las relaciones comerciales, sino que cumple la función de poner en relación a la clase de los capitalistas con la clase de los trabajadores.

La definición del proceso económico como circuito monetario permite también analizar el fenómeno de las crisis como paralización o detención de aquel mismo circuito. Nada garantiza, en efecto, que en el curso del proceso económico las rentas monetarias percibidas sean gastadas enteramente. De modo que cuando, por razones varias, la riqueza monetaria deja de fluir, el circuito se para y se produce una crisis. La crisis se manifiesta en seguida mediante la presencia de mercancías producidas y no vendidas. Si la crisis se prolonga, el volumen de producción acaba adaptándose al nivel de la demanda y el fenómeno de las mercancías no vendidas desaparece. Pero al llegar a cierto punto la crisis se manifiesta sólo en el mercado de trabajo en forma de desocupación.

De acuerdo con esta reconstrucción de la teoría marxiana del proceso económico como circuito monetario, y a diferencia de lo que postulan otras teorías económicas, la desocupación sólo desaparece cuando los empresarios deciden ponerle fin volviendo a poner en movimiento el proceso productivo. De donde se sigue la posibilidad (tantas veces realizada) de un uso capitalista de lo que llamamos crisis económicas.”

Francisco Fernández Buey, Marx (sin ismos), Ed. Viejo Topo, pàg. 184-188.